Introducción
Las ideas que fundamentan este trabajo están directamente relacionadas con los conceptos de educación, educando y educador, que se encuentran a lo largo de todo el documento “Elementos de educación” escrito por J. Dewey.
Desarrollo
Bien podemos entender que el concepto de educación pretende cubrir distintos aspectos, que surgen de la propia percepción del ser humano, intentando conseguir que el proceso de asimilación del conocimiento, sea lo más metódico posible. Es necesario que exista un cierto orden que someta toda la experiencia conseguida, para que ésta pueda ser ordenada, y posteriormente analizada, de manera que sea posible extraer de ella un alto contenido de información que puede sernos de utilidad en la tarea de adaptarnos a nuestro entorno. Hablamos entonces de herramientas, las cuales partiendo de nuestra percepción, se convierten en procesos cognitivos que nos permiten anticiparnos a hechos inexistentes, porque somos capaces de imaginar las consecuencias en función de la información que hemos conseguido con anterioridad a lo largo del tiempo. Debido a esto, podemos predecir lo que puede ocurrir, y todo gracias a la experiencia. Decimos entonces que el conocimiento y la experiencia van de la mano, porque tenemos la fortuna de no vernos obligados a reproducir un hecho, para conocer sus determinadas consecuencias. Esto fomenta nuestra capacidad de relación, a la vez que nos prepara de cara a las próximas e inminentes vivencias. Entendemos así el concepto de educación como un proceso ininterrumpido en el que el conocimiento que vamos adquiriendo, nos ayuda a identificar con mayor exactitud lo que generalmente tendemos a ignorar, puesto que carecemos de la información necesaria para su comprensión.
Si entendemos “educando” como a un individuo que recibe una educación, podemos afirmar que juega un papel de alumno frente a las posibles enseñanzas a las que pueda quedar expuesto. Partiendo de este razonamiento, cabe destacar que el educando posee su propia perspectiva, y en base a esto, es obvio que la información que sea capaz de asimilar, deberá pasar antes un filtro en el que interviene su pensamiento y la formación que haya recibido hasta entonces. No se puede esperar que el conocimiento sea absorbido tal como una esponja a un líquido, es antinatural, y ha de considerarse como inadmisible que sea eso lo que se pretenda. En la lucha por rescatar la originalidad y respetar la individualidad del educando, se defiende la libertad de actuar en función de las particularidades de cada uno. Esto garantiza que los descubrimientos personales sean capaces de transformarse en descubrimientos que puedan ser compartidos, al formar parte de un colectivo que trabaja teniendo a su servicio una considerable lista de sujetos que aportan diversidad de pensamiento y enfoque. El educando ha de ser visto no como un sujeto que vaga libremente cuya actividad carece de un patrón ajeno al que le aporta el educador, sino como un individuo que tiene un merecido lugar en la sociedad, porque a fin de cuentas es uno más que interviene para que ésta se regule a medida que las nuevas corrientes de pensamiento se abran paso a través de los educandos mismos.
J. Dewey se centra en que el alumno (educando) es un individuo que está dispuesto a dejarse empapar por nuevos conocimientos, contando con la motivación necesaria para ello, movido por la curiosidad y la necesidad de comprender lo que hay a su alrededor. En base a esta afirmación, se desvela la figura del educador. Para Dewey es importante que sea el educador el principal encargado de fomentar la propia motivación del educando, pues gracias a ésta, el proceso de asimilación de contenidos se verá beneficiado en un sentido intelectual, ya que la sed de conocimiento mostrada por el educando será mayor siempre que la función del docente esté siendo bien ejecutada. No basta con mantener al alumno motivado, es importante que el educando acepte los contenidos que su docente debe impartir, puesto que el currículum debe ser alcanzado pero sin desatender los propios intereses del alumnado, prioridad que el docente no debe descuidar.
Conclusión
En definitiva, podemos observar que los tres conceptos guardan una estrecha relación entre sí. El proceso educativo al que pertenece el educando, ha de estar estrictamente bajo la supervisión del educador, puesto que está en juego la educación del individuo que en un futuro no muy lejano tendrá un papel activo en la sociedad.
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